En su detallado estudio, El final del cristianismo convencional, el fenomenólogo católico Willem van de Pol afirmó: “El epicentro de este choque (extremadamente sensible que ha sufrido el cristianismo con
vencional) está en la moderna ciencia de la Biblia”. Eso, en efecto, se sintió desde el inicio en las discusiones en el concilio Vaticano II.
La razón es que la Biblia toca principios fundamentales y actitudes frente a la vida -pensemos en temas como la idea de Dios y la escatología, la sexualidad y el matrimonio, el derecho a la vida y la muerte—. Su incomprensión puede generar angustia frente al fin del mundo, desequilibrios mentales y destrozos familiares, muertes por negar la intervención médica, inclusive suicidios y fanatismos tipo Jonestown y
Waco (Texas).








