
Resulta natural en los periodos de renovación eclesiástica que la sagrada Escritura se nos vuelva mucho más rica. Tras las indispensables órdenes del día referentes a lo único que nos interesa: Jesucristo mismo. ¿Qué ha querido decimos Jesús? ¿Qué quiere hoy de nosotros? ¿Cómo nos ayuda hoya ser cristianos fieles?
En definitiva, lo importante para nosotros no es lo que quiere este o aquel hombre de Iglesia, sino saber lo que quiere Jesús y consignas de combate de las controversias eclesiásticas, bullen una búsqueda e investigación intensas. Cuando acudimos a la predicación deseamos oír sus propias palabras.
No sólo por interés personal, sino pensando también en todos los hombres para los que la Iglesia y su mensaje se han vuelto extraños. Estamos firmemente persuadidos de que serían otros hombres completamente distintos los que escucharían la Palabra, y otros hombres completamente distintos los que se apartarían de ella, si Jesús mismo y Jesús solo, con su palabra, se encontrase en medio de nosotros en la predicación.
