EL AUTOR:
EDUARDO ARENS, Profesor de Sagrada Escritura en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET) de Lima. Cursó estudios en Texas, Friburgo, Jerusalén y Tubinga. Además de su tesis doctoral ha publicado:
Los Evangelios ayer y hoy, 2da edición Lima-Santiago 1988.
Apocalipsis, ¿revelación del fin del mundo?, Lima 1986.
La Biblia sin mitos, 2da edición Lima 1990.
Recién ha sido elegido miembro de la prestigiosa Studiorum
Novi Testamenti Societas (Cambridge).
PRÓLOGO
La manera en que se enfoca y se entiende la Biblia hoy es diferente de la de ―antes‖. Esto es un hecho. Herederos de una larga tradición que ponía todo el acento en su calidad de Palabra de Dios y que la consideraba prácticamente como dictada por Dios, algunos se sienten consternados cuando hoy se les dice que esa misma Biblia literatura – literatura sacra, sí, pero literatura—. No poco han venido contribuyendo al ―descubrimiento‖ del carácter literario de la Biblia los hallazgos que, desde el siglo pasado, se han estado haciendo en el Oriente Medio de textos afines, más antiguos que los de la Biblia
(mitos de la creación, leyendas, salmos, proverbios), así como los estudios realizados en los campos de la sociología, la antropología, la lingüística y la literatura. Consecuentemente, se han venido apreciando aspectos y dimensiones antes considerados o simplemente ignorados cuando se trataba de la Biblia. Se ha venido valorando cada vez más la comunicación humana que se manifiesta en la Biblia: el papel de las tradiciones orales, del pueblo o de la comunidad donde tomaron cuerpo los diferentes escritos, el papel del redactor, la influencia del entorno y de la cultura, etc.
